Camino de perfeccion
Camino de perfeccion Al poco tiempo se oyó la voz de la monja, que preguntaba:
—¿Está usted ah�
—SÃ, hermana.
—La madre superiora dice que puede usted pasar, siempre que entre en la iglesia con el respeto debido y haga todas las reverencias ante el SantÃsimo Sacramento.
—Descuide usted, hermana, las haré.
Se separó del torno al decir esto; advirtió a la portera la respuesta afirmativa de la monja; tomó esta una llave grande, y le dijo a Fernando:
—Bueno, vámonos.
Salieron a dar la vuelta al convento.
—¿Cuántas monjas hay aqu� —preguntó Fernando.
—No hay mas que trece desde hace muchÃsimo tiempo.
—¿Es que no viene ninguna nueva a profesar?
—SÃ, han venido varias, pero ha dado la casualidad de que, cuando se han reunido catorce, ha muerto alguna, y han vuelto a ser trece.
—Es extraño.
Dieron vuelta al convento, hasta llegar a la plaza, en la cual estaba colocada la iglesia.
Fernando tomó el agua bendita, y se arrodilló delante del altar.