Camino de perfeccion
Camino de perfeccion UN día, muy de mañana, fue al convento de Santo Domingo el Antiguo, Divo Dominicus Siloecensis.
La puerta de la iglesia se encontraba todavía cerrada. Enfrente había una casa de un piso, y en el balcón, una mujer con una niña en brazos. Preguntó a esta cuándo abrían la iglesia, y la mujer le dijo que no tardarían mucho, que lo preguntara en la portería del convento, al otro lado.
Dio Fernando la vuelta, y en un portal, sobre cuyo dintel se veía una imagen en una hornacina y en un azulejo el nombre del convento, escrito en letras azules, entró y llamó en la portería.
Una mujer que salió le dijo:
—Llame usted por el torno y pida usted permiso a las monjas para entrar.
Fernando se acercó al torno y llamó. Al poco tiempo oyóse la voz de la hermana tornera, que le preguntaba qué quería.
Fernando expresó su deseo.
—Se lo preguntaré a la madre superiora —contestó la monja.
Mientras esperaba, Fernando paseó por el zaguán, en donde sonaban sus pisadas como en hueco.
Por el montante de una puerta se veía parte del jardín del convento.