Camino de perfeccion
Camino de perfeccion No hay allá los místicos retablos de los grandes maestros del Renacimiento español, con sus hieráticas figuras que miraron en éxtasis los ojos, llenos de cándida fe, de los antepasados; ni la casa solariega de piedra sillar con su gran escudo carcomido por la acción del tiempo; ni las puertas ferradas y claveteadas con clavos espléndidos y ricos; ni las rejas con sus barrotes como columnas salomónicas tomadas por el orín; ni los aldabones en forma de grifos y de quimeras; ni el paseo tranquilo en donde toman el sol, envueltos en sus capas pardas, los soñolientos hidalgos. Allí todo es nuevo en las cosas, todo es viejo en las almas. En las iglesias, grandes y frías, no hay apenas cuadros, ni altares, y estos se hallan adornados con imágenes baratas traídas de alguna fábrica alemana o francesa.