Camino de perfeccion
Camino de perfeccion APENAS cambió algunas palabras con el administrador, su mujer y sus hijos.
Al dÃa siguiente, por la mañana, subió a las Cuevas, que estaban en la falda del Castillo, a preguntar de nuevo por la familia de Ascensión, a ver si se enteraba de algo más, y si podÃa saber cuál de las muchachas era la que se habÃa casado.
El Castillo era un monte lleno de pedruscos, árido, seco, con una ermita en la cumbre. El sol de siglos parecÃa haberle tostado matizándole del color de yesca que tenÃa; daba la impresión de algo vigoroso y ardiente, como el sabor de un vino centenario.
La senda que escalaba el cerro subÃa en zigzag; era una calzada cubierta de piedras puntiagudas que corrÃan debajo de los pies; a un lado y a otro del quebrado camino habÃa capillas muy pequeñas, en cuyo interior, embutidos en la pared, se veÃan cuadros de azulejos que representaban escenas de la Pasión.
A lo largo de la calzada, sobre todo en su primera parte, veÃanse filas de puertas azules, cada una con su número escrito con tinta oscura; eran aquellas puertas las entradas de las cuevas excavadas en el monte, tenÃan una chimenea que brotaba al ras del suelo y alguna un corralillo con un par de higueras blancas.