Camino de perfeccion
Camino de perfeccion —Este señor que ha hablado, o que ha mugido, no se sabe lo que hace —prosiguió el de la nariz larga—, es don Dionis el Crepuscular, nuestro taquillero, nuestro contador, nuestro administrador, un hombre que no nos roba más que todo lo que puede.
—Y ustedes, ¿qué hacen? —preguntó don Dionis.
—Advertencia. Le llamamos el Crepuscular por esa voz tan agradable que tiene, como habrá usted podido notar. Yo soy Cabeza de Vaca, de apellido, bastante buen cómico.
—Si no fueras tan borracho —interrumpió don Dionis.
—Ahora, joven yecorano —siguió Cabeza de Vaca dirigiéndose a Ossorio— no creo que tendrá usted inconveniente en pagarnos una botella.
—Hombre, ninguno. ¿Quiere usted que al salir yo mismo la encargue?
—No. El mozo irá por ella.
—Bueno. Y usted hará el favor de enseñarme dónde está la puerta.
—SÃ, señor, con mucho gusto. Por aquÃ, por aquÃ. Adiós.