Camino de perfeccion
Camino de perfeccion —¿No se sienta usted? —continuó el gracioso—. SÃ, hombre, precisamente estamos riñendo y no sabe usted lo chuscas que son estas riñas entre cómicos tronados. Bueno. Cuando no hay bofetadas y golpes, que de todo suele haber.
Luego comenzó a presentar a los que estaban allÃ:
—Gómez Manrique, primer actor, un cómico, ahà donde lo ve usted, que si no fuera tan soberbio y tan amanerado podrÃa ser con el tiempo algo.
El aludido, que parecÃa un hombre que estaba bajo el peso de una terrible catástrofe, lanzó una mirada de desdén al gracioso a través de sus lentes; luego se atusó la melena, mostrando la manga raÃda de su chaqueta, y después llevó la mano al bigote y trató de retorcerlo; pero como harÃa sólo diez o quince dÃas que dejaba de afeitarse, no pudo.
—De la señora —añadió el de la nariz larga mostrando a la caracterÃstica— nada puedo decir; no la he conocido más que en su decadencia. En su tiempo…
—En mi tiempo —gritó la vieja— no se las tragaban como puños, como ahora en Madrid y en todas partes. ¡Re… pateta! Si no hay cómicos ya.
—Eso es cierto —repuso con voz borrosa uno de los que se hallaban sentados a la mesa.