Camino de perfeccion
Camino de perfeccion —Una verdadera demi-vierge —añadió el segundo.
Ossorio miró a sus antiguos camaradas asombrado, y oyó que uno y otro barajaban nombres de escritores franceses que él nunca había oído y que trataban indudablemente de abrumarle con sus conocimientos. Pretextando que tenía que ver al alcalde, los dejó, y se fue a buscar de nuevo la puerta del escenario.
Abrió una que le salió al paso, entró pensando si daría al pasillo de salida, y se encontró en un cuarto pequeño a dos o tres cómicos, a la característica y al de la taquilla, que estaban sentados alrededor de una mesa desvencijada, de esas llenas de dorados, que sirven en las decoraciones de palacios para sostener dos copas de latón, con las cuales se envenenan el galán y la dama. Entonces sostenía una botella de vino y un vaso. Ossorio trató inmediatamente de salir de allí, después de haberse excusado; pero el gracioso, un hombre de nariz muy larga que sin duda le había visto con el alcalde, le invitó a tomar un poco de vino. Fernando dio las gracias.
—¿Nos va usted a desairar porque somos unos pobres cómicos?
Ossorio tomó el vaso que le ofrecían y lo bebió.