Camino de perfeccion
Camino de perfeccion Del zaguán de esta casa se pasaba al vestíbulo de otra más pequeña, en donde vivía el colono con su familia. Mientras el amigo se ocupaba en desenganchar el caballejo del carricoche, Fernando se asomó a una ventana. Corría un viento frío. Veíase enfrente un cerro crestado lleno de picos que se destacaba en un cielo de ópalo. Allá, a lo lejos, sobre la negrura de un pilar que escalaba un monte, corría una pincelada violeta y la tarde pasaba silenciosa mientras el cielo heroico se enrojecía con rojos resplandores. Unos cuantos miserables, hombres y mujeres, volvían del trabajo con las azadas al hombro; cantaban una especie de guajira triste, tristísima; en aquella canción debían concretarse en queja inconsciente las miserias de una vida animal de bestia de carga. ¡Tan desolador, tan amargo era el aire de la canción!, oscureció; del cielo plomizo parecían llegar rebaños de sombras; el horizonte se hizo amenazador…
De noche, en la cocina, quemando sarmientos, a la luz de las teas puestas sobre palas de hierro, pasaron Fernando y su amigo hasta muy tarde. Se acostaron, y toda la noche estuvo el viento gimiendo y silbando.