Camino de perfeccion
Camino de perfeccion EL día siguiente era domingo. Fernando se levantó temprano y salió de la casa. Su amigo se había marchado antes a ver un cortijo de las inmediaciones.
Los alrededores de Marisparza eran desnudos, parajes de una adustez tétrica, con cerros sin vegetación y canchales rotos en pedrizas, llenos de hendeduras y de cuevas.
En el raso desnudo, en donde estaban las dos viviendas reunidas, había un aljibe encalado, con su puerta azul y el cubo, que colgaba por un estropajo de la garrucha; un poco más lejos, en los primeros taludes del monte, se veía una balsa derruida y cuadrada, en cuyo fondo brillaba el agua muerta, negruzca, llena de musgos verdes.