Camino de perfeccion
Camino de perfeccion «ES extraño —pensaba Ossorio— cómo se desenmascara el hombre en algunas ocasiones; el sacarlo de su lugar, de su centro, pone claramente en evidencia sus inclinaciones, su modo de ser. Un vagón de un tren es una escuela de egoísmo.»
El sitio en que Ossorio filosofaba, era la sala de una estación manchega, donde se cambiaba el tren para dirigirse a Valencia.
Los viajeros de primera y segunda, unos habían pasado al café; la mayoría de los de tercera quedaban en los bancos de la sala, durmiendo. Los cómicos habían entrado en el café con la seguridad de que Fernando pagaría, y Lolita, sentada junto a él, con pretexto de que tenía frío, se le iba echando encima, hasta que inclinó la cabeza sobre su hombro, y se durmió. Fernando no se sentía romántico; cogió entre sus manos la cabeza de la muchacha y la apoyó en el hombro de la característica, a quien le dijo que iba a dar una vuelta, que podían dormir; él les avisaría cuando llegara el tren. Pagó el gasto y salió al andén.