Camino de perfeccion
Camino de perfeccion Lo que he hecho con gusto ha sido un apunte que me ha resultado bastante bien: el suelo, de ladrillos rojos; las gradas, verdes; las manchas rojas de los geranios en flor sobre la tapia, y encima de esta el cielo azul con estrías doradas, y la espadaña medio caída y ruinosa. Hay en este apunte algo de tranquilidad, de descanso.
No me podía figurar el reposo, la dulzura de estos crepúsculos. Se oye el murmullo de la gente del pueblo que a esa hora empieza a vivir; las golondrinas chillan dando vueltas alrededor de la torre, y las campanas de la iglesia suenan encima de nosotros.
Después de la sesión, cuando Dolores deja de pasear y se dedica a la costura, discutimos acerca de muchas cosas, de arte, inclusive.
No comprende que se puedan pintar figuras feas, de cosas tristes; no le gusta nada torturado, ni oscuro.
Ella, si supiera pintar, dice que pintaría mujeres hermosas y rubias; a Dolores la rubicundez le parece una superioridad inmensa; pintaría también escenas de caza con ciervos y caballos, bosques, jardines, lagos con su correspondiente barca; cosas claras y sonrientes.
No se la convence de que puede haber belleza, sentimiento, en otras cosas. Es una muchacha que tiene una fijeza de ideas que a mí me asombra, y, sobre todo, un sentimiento de justicia y de equidad extraño en una mujer, que yo ataco con paradojas.