Camino de perfeccion
Camino de perfeccion El madrileñismo mío, más fingido que otra cosa, porque yo nunca tuve entusiasmo por Madrid, le indigna.
—Después de todo —le digo yo—, crea usted que es lógico que la gente del pueblo, la gente ordinaria, trabaje para nosotros los elegidos, porqué así se forma una casta superior directora, que puede dedicarse al arte, a la literatura.
—Vamos, que vivan los zánganos y que trabajen las abejas.
—Usted no debe decir eso.
—¿Por qué? ¿Cree usted que soy zángana? Pues soy abeja.