Camino de perfeccion
Camino de perfeccion Terminó la misa, y al volver de la iglesia a casa estaba lloviendo. En el terrado suenan las gruesas gotas de agua al chocar en las hojas de las hortensias y dejan en el suelo manchas grandes y redondas, que al evaporarse el agua en los ladrillos caldeados desaparecen en seguida. Cantan los gallos hoy más que otros dÃas. Sobre el fondo negro de la torrecilla del convento se ve correr en lÃneas tenues y brillantes el agua que cae. El cielo está gris, con una reverberación luminosa, tan grande, que no se le puede mirar sin que ofenda los ojos.
Dolores, después de mudarse de traje, ha entrado en el terradito y traÃdo las plantas que están en la sala para que les dé el agua. Ha venido una visita y con ella está la madre de Dolores, charlando en el comedor.
—Oye, Dolores —le he dicho yo.
—¿Qué?
—Te tengo que hablar.
—Habla todo lo que quieras.
—Oye.
—¿Qué?
—Te estás mojando.
—No es nada.
—¿Sabes que estás muy guapa hoy?
—¿SÃ…?
Y me ha mirado con sus ojos negros tan brillantes, que me han dado ganas de estrujarla entre mis brazos.