Camino de perfeccion
Camino de perfeccion PASCUAL Nebot ha averiguado, no sé cómo, la vida que yo hice en Madrid, que tuve algunos líos, y, además, ha dicho, y esto probablemente es invención suya, que he estado para profesar en un convento; por el pueblo me llama el Frare.
Me parece que Nebot y yo vamos a concluir mal; yo no le provocaré; pero el día que observe en él la señal más insignificante de burla, me echo sobre él como un lobo.
Alguna amiga ha tenido la piadosa idea de contarle a Dolores las invenciones de Nebot, y he encontrado a mi novia adusta y de malhumor. Yo me preguntaba: ¿qué le pasará?
Teníamos que ir a un huerto de la abuela de Dolores. Salíamos a las tres o tres y media de casa. Por delante íbamos: Dolores, Blanca, una amiga de las dos hermanas y yo, acompañándolas; detrás, mi futura suegra, la madre de la amiguita y mi tío.
Dolores, esquivando mi conversación y alejándose intencionadamente de mi lado. Llegamos a la casa de la abuela por un camino que cruza por entre naranjales llenos de azahar, que todavía tienen naranjas rojizas. Dolores echa a correr, y las otras dos hacen lo mismo.