Camino de perfeccion
Camino de perfeccion En las relaciones con Ascensión, Blanca y Laura, predomina el instinto, el sexo, la voluptuosidad. Entre él y Ascensión no había verdadero amor, ni siquiera palabras tiernas, sencillamente deseo: «Al principio la muchacha opuso resistencia, se defendió como pudo, (…), después se entregó, sin fuerzas, con el corazón por el deseo, en medio de aquel anochecer de verano ardiente y voluptuoso» (XXXI, 198). Años más tarde, Fernando recordará su complejo de culpa ante tal situación y tratará de explicarlo por la influencia educativa recibida en Yécora, en donde le habían enseñado a considerar listo al hombre que engaña, a despreciar a la mujer seducida y a reírse del marido burlado… De estas seis mujeres «son —como dice José Ares Montes— Laura y Dolores —el malo y el buen amor— quienes más influyen en la vida de Ossorio: la primera absorbente y aniquiladora, contribuye con su voraz erotismo a impulsar a Fernando al peregrinaje que es la base estructural de la novela, mientras que Dolores, la mujer cristiana y hogareña, es quien consigue varar a nuestro héroe ofreciéndole un amor doméstico y domesticado.[8]»