Camino de perfeccion
Camino de perfeccion —Esta sociedad aristocrática —dijo sentenciosamente el primo filósofo— está muy bien organizada. Es la única que tiene buen sentido y buen gusto. Los maridos andan golfeando con una y otra, de acá para allá, de casa de LucÃa a casa de Mercedes, y de esta a casa de Marta. Las pobrecitas de las mujeres se quedan abandonadas, y se las ve vacilar durante mucho tiempo y pasear con los ojos tristes. Hasta que un dÃa se deciden, y hacen bien, toman un queridito, y a vivir alegremente.
Al entrar en la calle Mayor, los dos primos saludaban a dos muchachas y a una señora que pasaron en un coche.
—El padre de estas —dijo el primo filósofo— es un católico furibundo. Es de los que van a los jubileos con cirio; en cambio, las chicas andan de teatrucho en teatrucho, escotadas, riéndose y charlando con sus amigos. Es una sociedad muy amable esta madrileña.
—Ya te habrás fijado en el aspecto mÃstico que tiene la mayor de las hermanas —dijo el primo jovial—. Dicen que tiene ese aspecto tan espiritual desde que se acostaba con un obispo.
Llegaron a la calle del Sacramento y subieron a casa.