Camino de perfeccion

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V

CUANDO Fernando Ossorio se encontró instalado en la nueva casa de la calle del Sacramento, comprendió que debía haber llegado a un extremo de debilidad muy grande. Precisamente entonces la herencia de su tío abuelo le daba medios para vivir con cierta independencia; pero como no tenía deseos, ni voluntad, ni fuerzas para nada, se dejó llevar por la corriente. No entraba en la decisión de sus tías de llevarle a vivir con ellas ningún móvil interesado. Luisa Fernanda le tenía cariño a su sobrino, y al mismo tiempo pensaba que cuatro mujeres solas en una casa no tenían la autoridad que podría tener un hombre. Antes, Fernando tuvo una conferencia con su tía Laura, y desde entonces ya no se volvió a hablar del matrimonio de María Flora con Fernando.

Las tías, que fueron a ocupar el segundo piso de la casa del señor difunto, destinaron para su sobrino dos cuartos grandes, una sala con dos balcones que daban a la calle del Sacramento y una alcoba con ventanas a un jardín de la vecindad. La sala, que había estado cerrada durante mucho tiempo, tenía un aspecto marchito que agradaba a Fernando. Era grande y de techo bajo, lo que le hacía parecer de más tamaño; estaba tapizada con papel amarillo claro, con dibujos geométricos en las paredes y cubierta en el techo con papel blanco.

Un zócalo de madera de limoncillo corría alrededor del cuarto.


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