Camino de perfeccion
Camino de perfeccion Y asà en los demás dÃas. Como las fieras que huyen a la oscuridad de los bosques a satisfacer su deseo, asà volvieron a encontrarse mudos, temblorosos, poseÃdos de un erotismo bestial nunca satisfecho, quizá sintiendo el uno por el otro más odio que amor. A veces, en el cuerpo de uno de los dos quedaban huellas de golpes, de arañazos, de mordiscos. Fernando fue el primero que se cansó. SentÃa que su cerebro se deshacÃa, se liquidaba. Laura no se saciaba nunca: aquella mujer tenÃa el furor de la lujuria en todo su cuerpo.
Su piel estaba siempre ardiente, los labios secos; en sus ojos se notaba algo como requemado. A Fernando le parecÃa una serpiente de fuego que le habÃa envuelto entre sus anillos y que cada vez le estrujaba más y más, y él iba ahogándose y sentÃa que le faltaba el aire para respirar. Laura le excitaba con sus conversaciones sensuales. De ella se desprendÃa una voluptuosidad tal, que era imposible permanecer tranquilo a su lado.