Camino de perfeccion
Camino de perfeccion Pronto Ossorio perdió de vista el castillejo y comenzó a bordear dehesas, en las cuales pastaban toros blancos y negros que le miraban atentamente. Algunos pastores famélicos, sucios, desgreñados, le contemplaban con la misma indiferencia que los toros. Un zagal tocaba en el caramillo una canción primitiva, que rompía el aire silencioso de la mañana.
El cielo iba poniéndose negruzco, plomizo, violado por algunos sitios; una gran nube oscura avanzaba. Empezó a llover, y Ossorio apresuró su marcha. Iba acercándose a un bosquecillo frondoso de álamos, de un verde brillante. Ocultábase entre aquel bosquecillo una aldehuela de pocas casas, con su iglesia de torre piramidal terminada por un enorme nido de cigüeñas. Tocaban las campanas a misa. Era domingo.
Fernando entró en la iglesia, que se hallaba ruinosa, con las paredes recubiertas de cal, llenas de roñas y desconchaduras.