Camino de perfeccion
Camino de perfeccion SIGUIENDO las instrucciones que le dieron, Fernando alquiló un caballo y se dirigió a buscar la carretera de Francia. El caballo era un viejo rocÃn cansado de arrastrar diligencias, que tenÃa encima de los ojos unos agujeros en donde podrÃan entrar los puños. Las ancas le salÃan como si le fueran a cortar la piel. Su paso era lento y torpe, y cuando Ossorio querÃa hacerle andar más de prisa, tropezaba el animal y tomaba un trote que, al sufrirlo el jinete, parecÃa como si le estremecieran las entrañas.
A paso de andadura llegó al mediodÃa a un pueblecillo pequeño con unas cuantas casuchas cerradas; sobre los tejados terreros sobresalÃan las cónicas chimeneas. Llamó en una puerta.
Como no le contestaba nadie, ató el caballo por la brida a una herradura incrustada en la pared, y entró en un zaguán miserable, en donde una vieja, con un refajo amarillo, hacÃa pleita.
—Buenos dÃas —dijo Fernando—. ¿No hay posada?
—¿Posada? —preguntó con asombro la vieja.
—SÃ, posada o taberna.
—Aquà no hay posada ni taberna.
—¿No podrÃa usted venderme pan?
—No vendemos pan.
—¿Hay algún sitio en donde lo vendan?
—Aquà cada uno hace el pan para su casa.