La estrella del capitan Chimista
La estrella del capitan Chimista NUESTRO AMIGO Cincúnegui puso, a manera de prólogo de la segunda parte de su libro, dos cartas[1]: una, de un profesor alemán, y la otra, suya. La carta del profesor la pensó, sin duda, insertar como muestra de extravagancia, y su respuesta como prueba de buen sentido y de discreción.
Nosotros, más partidarios de la insensatez que de la vacuidad, publicamos la primera y dejamos en el tintero la segunda, con sus distingos y sus sin embargo[2].
La carta del profesor germano dice asÃ:
Iciar, julio 1907
Querido señor Cincúnegui,
He leÃdo su manuscrito, hecho a base de un Diario de Navegación, en el que se narra con sencillez la vida de dos marinos vascos: los capitanes Chimista y Embil[3].
He seguido con interés las aventuras de sus personajes, porque no soy de los vascófilos que se ocupan únicamente del pretérito perfecto y del participio pasivo en la vetusta lengua del padre Aitor[4].
Los dos tipos de su obra están bien: el uno es un jefe que sabe mandar; el otro, un escudero fiel, de la raza de los hombres leales, de confianza, que antes abundaban en mi paÃs, en Alemania, y que ahora, al parecer, van escaseando gracias al predominio de los comerciantes y de los judÃos[5].
