La estrella del capitan Chimista
La estrella del capitan Chimista A su historia, mi querido señor Cincúnegui, le falta una explicación filosófica y antropológica; una teoría o, por lo menos, una hipótesis. Es posible que este postulado, esta ansia de teorías y de hipótesis, le parezca una manifestación de pedantería germánica.
¿Sabe usted, amigo Cincúnegui, que para nuestro antropólogo, Elouston Stewart Chamberlain[6], el carácter arrebatado y fantástico del vasco depende, en parte, de pertenecer a un pueblo que va siendo absorbido y tragado por los de alrededor? ¿Qué le parece a usted esta teoría? Quizá pedantesca, quizá sin base de hechos. Pero ¡qué quiere usted! Nosotros, los alemanes, somos, principalmente, fabricantes de teorías.
Volviendo a nuestro tema.
¿Cuál es la razón de la existencia de hombres como sus dos marinos en el medio ambiente del siglo XIX, monótono, colectivo y gris? ¿Qué razón hay para que salgan tipos así, exaltados, entre la masa del hombre corriente, vulgar, rapado y plano? ¿Por qué estas desigualdades tan profundas? ¿Es una diferencia de longitud en los cráneos, como han creído hace años algunos antropólogos alemanes? ¿Es una diferencia producida por un sistema mixto de cultura y de raza como suponía Gobineau? ¿Es una cuestión económica? Nadie lo sabe.
