La estrella del capitan Chimista
La estrella del capitan Chimista Si vuelve a ponerse nuevamente ese problema antropológico del valor de las distintas clases de hombres para la cultura y para la moral, habrá que buscar las caracterÃsticas de los antiguos tipos prehistóricos por una parte, y por otra, insistir en las mutaciones bruscas de Hugo de Vries y en los cambios de la herencia de Mendel, cuyo secreto debe estar en los filamentos de cromatina y en los cromosomas[7].
Dejando la cuestión de génesis, hoy por hoy oscura, hay que reconocer que en todos los pueblos, aun en los más pequeños, como en el vasco, no hay homogeneidad ni en el tipo fÃsico ni en el espiritual, y que se dan marcadas diferencias de hombres, no explicadas ni por el ambiente ni por la raza; el hombre estático y el dinámico, el paisano o villano y el cimarrón o montaraz, el colectivista y el individualista, el hombre del ghetto y el de la soledad[8].
Yo, mi querido señor Cincúnegui, agruparÃa los vascos de una manera arbitraria, en dos clases: los hijos de Urtzi y los de Jaungoikoa[9].
Urtzi, en su origen el firmamento, el cÃrculo celeste Varuna y Urano, se hace un héroe de sangre caliente, y lleva a su lado a los dionisÃacos y a los violentos. Jaungoikoa, el dios más moderno y extranjero, probablemente traducción del semÃtico Jehová[10], va rodeado de gente práctica y discreta.
