La estrella del capitan Chimista
La estrella del capitan Chimista El uno, bárbaro, pánico, sin más altar que la naturaleza, juega con el azar y con el rayo; el otro, jesuítico, con un templo excesivamente adornado de cartón y de purpurina, perfumado con polvos de arroz y agua de rosas, lleva sus cuentas por partida doble en el libro mayor[11].
Urtzi, como Thor, dios tonante, armado de un martillo[12], defensor de la vida difícil, da su lección de individualismo y de audacia. Jaungoikoa, rey de la villa, de la ciudad, del ghetto apretado, propone en su pueblo las normas del casillero ciudadano y socialista, según las fórmulas del judío Karl Marx[13] y del no menos judío Jehová.
Se pueden catalogar entre los amigos de Urtzi a casi todos los vascos que han hecho algo en la tierra y en el mar con su energía y sus arrestos; entre los sectarios de Jaungoikoa, a todos los que viven a gusto en las ciudades de empleos y de pequeños negocios y que tienen en la puerta de su casa una placa del Sagrado Corazón de Jesús. Los amigos de Urtzi, los marinos, los guerrilleros, los ferrones, la gente exaltada, esperan todo de sí mismos. Los amigos de Jaungoikoa, los clérigos, los burgueses, los abogados, los notarios, los tenderos y los prestamistas, esperan más de las leyes que de su brío.
