La intuicion y el estilo
La intuicion y el estilo En La cartuja de Parma, de Beyle, creo que hay el espejismo de suponer que la vida italiana de su tiempo era muy original y muy distinta a la de los demás países de Europa.
Yo no creo eso. Italia ha tenido fama de país de ligereza y de gracia, como Inglaterra ha tenido de originalidad y de humor. España, de pasiones violentas, y Alemania, de gentes calmosas y de fantasía. Pero ¿no habrá habido en todo esto una exageración, un engaño?
Si estas condiciones hubiesen sido tan fuertes, quedaría el rastro, y a mí me parece que no queda.
Hay que tener olfato para encontrar el espíritu de Bandello o de Boccaccio en Italia; el de Swift o de Dickens, en Inglaterra; el de Calderón, en España, y el de Goethe o Schiller, en Alemania.
Parece que hay persistencia en el carácter de un país y en algunas de sus manifestaciones espirituales; pero, evidentemente, no es fácil captarlas siempre.
Como he dicho, creo que hay dos métodos de invención literaria: uno, el de leer lo antiguo y repetir los tipos y las tramas, y, a poder ser, modernizarlos, complicándolos o, por lo menos, cambiándolos. El otro es colocarse como observador de la vida y del ambiente, simplificándolo y estilizándolo.