La intuicion y el estilo
La intuicion y el estilo El hombre que con los años se inclina un poco a la soledad y al aislamiento, yo supongo que no puede creer gran cosa ni en la agudeza literaria y artística del pueblo ni en la justicia social.
Al viejo se le habla de éxitos artísticos, políticos y literarios, y tiende a encogerse de hombros. ¡Cuántos éxitos falsos no ha presenciado!
Yo, al menos, en el tiempo ya largo que llevo de curiosidad literaria y artística, he visto que casi todo lo que se ha elogiado al salir de la prensa o del taller como una obra maestra, luego ha ido languideciendo y se ha quedado en nada. Lo que parece más definitivo, con más condiciones para luchar contra la acción del tiempo, es lo que más pronto se olvida.
Ahí está el caso del drama Cyrano de Bergerac, de Rostand, y de las novelas de D’Annunzio. ¿Quién se acuerda de ellos? Juzgamos con el gusto del tiempo, y el gusto cambia.
El otro día, paseando con un amigo, yo le decía:
—Muchas veces yo me pregunto: si ahora nosotros, que ya somos viejos, viéramos levantarse a nuestro lado un escritor joven de la fibra de un Nietzsche, de un Dostoyevski o de un Tolstói, que, naturalmente, sería otra cosa por ser de otra época, ¿usted cree que lo comprenderíamos?