La intuicion y el estilo
La intuicion y el estilo —Yo subiré —dijo el portero, advirtiendo mi decisión.
Subió y echó a tierra un legajo polvoriento. Lo miré con curiosidad. No habÃa nada.
A los ocho o diez dÃas fui al Ministerio de Hacienda.
Nueva diligencia por el estilo, hasta que me enviaron a una oficina del patio, a un sótano. AllÃ, un viejo empleado, que me pareció una pobre momia sepultada en una cripta húmeda, me dijo: «Vuelva usted dentro de quince dÃas».
VolvÃ, y el señor viejo me dio una nota que ponÃa: «Aviraneta, Eugenio. Archivo Clases Pasivas».
Marché a este archivo, y empezaron las dificultades.
El archivero me advirtió que no se podÃan ver los legajos. Yo le expliqué que no se trataba de obtener ninguna pensión, sino de un estudio histórico. El archivero hizo como que me oÃa, y me dijo que volviera al cabo de quince dÃas.
VolvÃ, y el archivero no estaba; no habÃa más que un mozo.
Expliqué al mozo lo que me habÃa prometido el archivero. El mozo sacó un cuaderno, y me preguntó:
—¿En qué fecha murió este señor?
—No sé a punto fijo; es lo que busco.
—¿Cómo se llamaba?