La intuicion y el estilo
La intuicion y el estilo —Aviraneta e Ibargoyen, Eugenio.
El mozo repasó el cuaderno muy serio, y me dijo:
—No está.
—¿Usted quiere dejarme ver el cuaderno? —le pregunté.
—Véalo usted si quiere. Es inútil. No está.
Cogà el cuaderno, y en la primera página, el primer nombre ponÃa: Eugenio de Aviraneta e Ibargoyen.
—Pues está aquà —le dije al mozo.
—Aviraneta…, Aviraneta. Usted no me lo ha dicho asÃ.
—Quizá me haya equivocado —dije, y pensé entre mÃ: «¡Con qué gusto le pegarÃa un puntapié a este imbécil!»—. Vamos a ver dónde está.
—Armario tantos…, estante tantos…, número de legajos tantos… —leyó el mozo.
Marchó después; cogà un legajo; lo miré yo; no habÃa nada de Aviraneta.
—¿No nos habremos equivocado de número? —pregunté yo, ya escamado, y fui a ver el catálogo.
Efectivamente, el mozo se habÃa equivocado de número, y en otro legajo estaba la hoja de servicios de Aviraneta.
—Déjeme usted leerla.
—No, no —me dijo el mozo—. Pida usted permiso al jefe.