La intuicion y el estilo
La intuicion y el estilo HabÃa, además, mucho repetido y varios decretos de La Gaceta y artÃculos de periódico que no tenÃan interés; pero para mà era una buena guÃa que me habÃa venido por casualidad. Si no se hubieran perdido en mi casa de Madrid, yo los hubiera mandado a un archivo o al Museo de San Sebastián, por si les interesaban; pero desaparecieron. Otras eventualidades de puro azar me ocurrieron. Una, en Aranda de Duero. HabÃa ido allà sabiendo que Aviraneta habÃa sido regidor en este pueblo.
Pregunté por aquà y por allá para ver si quedaban datos de su paso por la ciudad; no quedaba nada.
Conocà allà a un señor amable que era nieto de un médico del tiempo de Isabel II, don MartÃn MartÃnez, y me acompañó. Vi que no quedaba rastro alguno de la época de 1820 al 23.
—Vamos al archivo del Ayuntamiento —me dijo mi acompañante.
—Pero ¿usted cree que habrá un Ãndice allÃ? —le pregunté yo.
—No; me figuro que no.
El archivo, grande, tenÃa un balcón que daba al Duero.
Era una sala hermosa y clara. Sólo viendo la cantidad de legajos se comprendÃa que, para encontrar datos, habrÃa que emplear mucho tiempo.