La intuicion y el estilo
La intuicion y el estilo Los partidarios y discípulos de Freud han querido demostrar que la repulsa de la gente por sus teorías dependía sólo de la humillación que representaba el atribuir casi toda la vida psíquica del hombre a complejos sexuales considerados como bajos y humillantes. Para muchos, esto puede ser verdad; pero para otros, no. Se explica que una persona que haya llegado a cierta limpieza en la vida a fuerza de contenerse y de hacer esfuerzos de voluntad, no quiera pensar ni reconocer que este resultado se deba a que unas glándulas hayan funcionado bien o mal. Ahora, al fisiólogo o al patólogo, este problema ético no le puede interesar gran cosa. La cuestión para él ha de ser el averiguar si el mecanismo ideado por Freud es exacto o no lo es. Yo no creo en la exactitud completa de su teoría. Que hay base, eso no lo puede dudar nadie. Que la base sea tan ancha como quiso afirmar Freud, es ya más problemático. La verdad es que al hombre, desde hace unos cientos de años, le vienen las malas noticias. Su vanidad padece. Es cómico, pero es así. Un canónigo polaco, con un aparato mísero, casi ridículo, hecho con cuatro listones, descubre que la tierra no es el centro del mundo, sino un planetilla insignificante que no representa nada en el cosmos. ¡Qué humillación la nuestra! Después viene la teoría de la evolución, que nos hace a los hombres parientes de los galápagos y de las lagartijas, y, por último, aparecen Planck y Einstein, y demuestran que la matemática y la física, que nos parecían tan serias, tan graves, son caprichosas, volubles, como una cupletista de una revista cómico-lírico-bailable.