La intuicion y el estilo
La intuicion y el estilo Muchos escritores creen en el verbo, como los míticos antiguos. No es fácil en esta época que haya hombre que piense, como Virgilio, que se puede con el encanto de las palabras hacer caer a la luna a nuestra Tierra: «Carmina vel caelo possunt deducere lunam».
Unamuno era de los más confiados en el valor de la expresión humana. Cuando tenía que hacer un juicio, bueno o malo, de la personalidad o de la obra de un escritor o de un político, creía que podría realizarlo por completo, discriminando con independencia hasta darle un calificativo definitivo y exacto.
Es decir, que tenía la ilusión, primero, de que no había movimientos en él apasionados que pudieran turbar su juicio; segundo, que, deseando ser un buen árbitro, diría la verdad sobre el hombre o sobre la obra con una palabra categórica y sin apelación.
¿Qué diferencia objetiva expresa, por ejemplo, al llamar a un escritor grafómano o fecundo? Yo creo que no hay más diferencia que la intención del que se lo llama. Al decirle grafómano quiere indicar que le considera como malo, y al decirle fecundo, como bueno.
Así pasa con todos los calificativos: llevan de antemano, y de una manera explícita o velada, una idea de elogio o de desdén; pero no son resultado de un juicio limpio y sin pasión.