La intuicion y el estilo
La intuicion y el estilo Creer que porque las frases puedan ser distintas, las preocupaciones y los sentimientos también son distintos es una ilusión. Todo el que sale de un gran peligro, naturalmente, se alegra de ello; y el acostumbrado a hablar en cínico dirá una frase de su repertorio, y el que tiene la costumbre de emplear palabras pomposas, las usará; pero esto no querrá decir que el uno sienta fuertemente la catástrofe por los demás y el otro no.
El egoísmo es la fuerza de la vida. Sin egoísmo no se podría vivir. Lo que se llama egoísmo es un sentimiento de todo ser vivo y de todo ser humano. Considerarlo como algo especial de unos pocos es una candidez. El egoísmo es un común denominador de la humanidad, o, más exactamente, de todo lo vivo. Casi se puede asegurar que entre el que pasa por egoísta y el que pasa por no serlo no hay más que cuestión de estilo.
El hombre es un animal egoísta y rapaz, como todos. No puede ser de otra manera. «Cupiditas est ipsa hominis essentia», decía Spinoza. Vida y egoísmo son paralelos. El hombre vela su egoísmo. Es natural.
«La cortesía», decía Schopenhauer, «es la hoja de parra del egoísmo.» También indicó este pensador, con mucha gracia, que, sin la presión del Estado y de la justicia, más de un individuo sería capaz de matar a su semejante y sacarle después la grasa y utilizarla para impermeabilizar sus botas…