La nave de los locos
La nave de los locos —Todas las gentes pobres que marchan mal tienen mala fama —contestó el señor Blas.
—Asà que para tener buena fama no es lo principal obrar bien, sino tener fuerza —preguntó Alvarito.
—Por lo menos, en la práctica, asà es —contestó el Mantero, sin dar mucha importancia a la frase suya, que encerraba una profunda filosofÃa bastante inmoral del éxito.
Hablaron el Manteroy el señor GarcÃa de Dios de sus asuntos de comercio con gran discreción y hablaron también de cuestiones familiares. Al oÃrlos, se preguntaba Alvarito:
—¿De dónde brotan esos hombres feroces y violentos de la guerra? ¿Por qué si hay en España una mayorÃa de gente como el señor Blas y el señor GarcÃa de Dios no pueden imponerse a los frenéticos y a los locos?
Se podÃa encontrar, indudablemente, en España pobreza, abandono en las cosas materiales, egoÃsmo e indiferencia; pero no parecÃa que el número de la gente feroz y salvaje fuera tan grande para poder dominar el paÃs.