La nave de los locos
La nave de los locos Nadie duda de la exactitud de los hechos. Los gusanos y las pulgas, y otros parásitos aún más desagradables, son una realidad en todos los países latinos y católicos. Sin embargo, es posible que esta anécdota sea tan verdadera como la otra del que llegaba a una mísera venta española y decía:
—Yo quisiera tomar algo.
Y el ventero le contestaba:
—Pues tome usted asiento.
Los dos chascarrillos pueden servir de contribución al conocimiento de la España pintoresca.
A pesar de las pulgas, de los demás parásitos y del tome usted asiento de las ventas y mesones de nuestro país, hay que convenir que son casi más odiosas las fondas españolas modernas, con sus pretensiones de asepsia y desinfección, que las antiguas.
Esta fonda moderna española aséptica, con su aire anglojesuítico, es de una antipatía perfecta. Todo en ella es rapado, mezquino y desagradable.
Algunas poseen el aire de clínica económica. Parece que, en vez de llevar el manjar sangriento al comedor, lo van a llevar a uno al quirófano a abrirle en canal.
Todo se acerca a estar bien en nuestras modernas fondas asépticas; pero nada está bien del todo.