La nave de los locos

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IX

LOS JEFES

A pesar de la pobreza y de la miseria del pueblo, a Alvarito no le daban las gentes la impresión paralela de sequedad y de estupidez. Quizás eran menos brutos de lo que hubieran sido en la aldea de Francia, de Inglaterra o de Alemania. Ciertamente había algunos tipos como encanijados, resecados, con un color terroso, tan mezquinos, que, por no tener, no tenían ni nariz, y que para mirar abrían la boca como los tontos.

A los tres o cuatro días llamó a Álvaro el gobernador de la plaza de Cañete, don Heliodoro Gil, para interrogarle. En el interrogatorio, Alvarito estuvo muy hábil. Dijo que, prisionero de los liberales en Pamplona, al volver a Bayona le dieron los carlistas una misión confidencial. Después de realizada pensaba presentarse a sus jefes.

Al visitar al gobernador, este se hallaba en compañía de un ayudante joven, el capitán Barrientos.



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