La nave de los locos
La nave de los locos El sargento quiso burlarse de Ollarra, que no le hizo el menor caso. Ya de acuerdo, y aceptado el mozo como criado o ayudante, por la tarde llevó los tres caballos traídos desde Sara por Álvaro y Manón, y de noche volvía a pie.
—¿Qué hay que hacer mañana por la mañana? —preguntó Ollarra en la posada a Alvarito.
—Hay que alquilar un coche y salir para Almándoz.
—Se necesitará dinero.
—¡Ah, claro! ¿Cuánto se necesitará?
—Según para los días que tomemos el coche.
—Para tres o cuatro.
—Creo que ya pedirán un duro al día.
—Bueno, paga lo que sea.
Y Alvarito dio a su nuevo criado diez duros.
—¿A qué hora queréis salir?
—A las ocho.
Ollarra buscó por el pueblo, hasta que encontró un carricoche en un caserío de la entrada de Alzate a Vera, y para las ocho estaba a la puerta de la posada, y poco después iban los tres jóvenes camino de Almándoz, seguidos por Chorua.