La ruta del aventurero
La ruta del aventurero Todo el mundo se enteró en Ondara de lo ocurrido, y el escándalo en el pueblo fue sonado. Figúrese usted la alegría de las gentes que se creen virtuosas porque van a la iglesia, al saber la deshonra efectiva de la coronela. Kitty ha estado cuidando a su marido. ¿Y sabe usted lo que ha hecho Eguaguirre? Ha pedido el traslado y se ha marchado a Barcelona, donde anda de garito en garito. Tras de la muerte del coronel, Kitty, sola, abandonada, influida por los curas de Ondara, ha entrado en el convento de Monsant.
Este Eguaguirre, que siempre me fue odioso por su egoísmo y por su brutalidad, ha deshonrado, ha abandonado a nuestra pobre Kitty, tan ingenua, tan cariñosa, tan buena.
¿Se marchitará en la soledad, en ese suicidio lento del claustro, esta mujer tan digna de ser feliz? Yo espero que no.
Es de usted muy amigo,
J.H. Thompson.»
* * *
«Ondara, diciembre de 1827.
Señor don Eugenio de Aviraneta.
En Nueva Orleáns.
Querido Capitán: