La ruta del aventurero
La ruta del aventurero Ya lo está. ¡Dolor! ¡Dolor de morir! ¡Dolor de vivir!
Al volver a Ondara me he sentado en una piedra, en la Volta del Rosignol, y he tratado de llevar el orden y el reposo a mi pobre cabeza perturbada.
No lo he podido conseguir.
¿Conoces tú el país donde maduran los limoneros
y en el follaje sombrío brilla la naranja de oro?
¿Conoces tú la montaña y su sendero brumoso?
Estos recuerdos de la canción de Mignon han ido sumiéndome, durante largo rato, en ideaciones vagas, informes, de una desoladora tristeza, en deseos de languidez y de muerte.
He seguido como un autómata el camino, hasta llegar a Alba, y me he parado a descansar a la sombra de un pequeño cementerio, algo retirado de la carretera, sobre un altozano árido y pedregoso.