La ruta del aventurero
La ruta del aventurero Hoy se me ha venido a la imaginación contemplando el cementerio abandonado de Alba, y al pájaro, que cantaba sobre un trozo de madera podrida. Luego, esta sentencia se ha convertido en un pesado estribillo de mi cerebro. Y en el pueblo, y después en el barco, antes de llegar y después de llegar a Ondara, mi espíritu no tenía más que el mismo comentario para lo que iba viendo y para lo que iba oyendo: Ut fugitur umbra sic vita (La vida huye como una sombra).
¡Adiós, amigo mío!
J.H. Thompson.»