La ruta del aventurero

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No iban a preocuparse de mí, a quien apenas conocían.

Me dio mi padre unos peniques, lo único que tenía; comí y fui a ver a mi tío. Le dije que me hallaba en una situación difícil y que había pensado pedir trabajo a William Tick. Luego le conté los procedimientos que empleaba Will.

—Sí; los ha heredado de su padre —dijo mi tío—. Se ve que es tan granuja como todos los de su familia. Ten cuidado, no te vayan a arrastrar a dar un mal paso. Abraham Tick está haciendo constantemente falsificaciones; tú dibujas algo y querrán utilizarte. No seas tonto. Haz todas las deudas que puedas; pon tu firma en todos los pagarés que te traigan; pero nada de imitar letras, facturas, sellos o cosa por el estilo. Esto es la cuerda o los trabajos forzados.

La observación de mi tío me hizo mella; yo pensaba lo mismo, aunque no me había planteado la cuestión tan claramente. Él era un truchimán listo y su consejo no cayó en olvido.

Viví unos días en casa de Tick encerrado, pintando árboles genealógicos, y un día Will me trajo unas láminas de un banco de la City para que yo las calcara y luego las estampara Percy.

Pretexté que no tenía vista. Will Tick se rio diciéndome que lo hiciera, o que si no, me marchase. Yo opté por marcharme.


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