La ruta del aventurero
La ruta del aventurero CHARLATANES Y SALTIMBANQUIS
DEJÉ el café y las divagaciones —sigue escribiendo Thompson— y fui a hospedarme a un garni barato, desde donde escribà de nuevo a mi tÃo. Le decÃa que William Tick habÃa sido el inventor de la combinación para sacarle las cuarenta libras esterlinas, y que yo no habÃa hecho más que dar mi asentimiento, por encontrarme perseguido por un acreedor, que me puso en la alternativa de pagarle inmediatamente o llevarme a la cárcel. De tanto repetir esta invención, llegué a creerla. Comunicaba también a mi tÃo mi proyecto de ir a España, y le juraba que si conseguÃa encontrar trabajo le devolverÃa el dinero. También le escribà a mi padre. Los dos me contestaron en seguida; mi padre, dándome consejos; mi tÃo, menos incomodado de lo que yo suponÃa. Por lo que me contaba, advertido por la carta que le envié al salir de Londres, habÃa comprado la biblioteca del anticuario antes de que se presentara Abraham Tick.
Tranquilizado, con relación a esto, me dediqué en Burdeos, por unos dÃas, al dolce farniente. Burdeos me pareció grande, tristón, como un pueblo desalquilado, hecho para capital de un gran Estado y que se queda en capital de provincia.
