La ruta del aventurero
La ruta del aventurero Yo te contestaré que la grandeza y la pequeñez son ideas relativas, y que los soles de la VÃa Láctea y los rayos de Sirio o de Aldebarán son menos trascendentales para ese señor que pasa y para mà que la lámpara que se nos apaga por la noche.
SÃ, amigo Burton; ese infinito del Universo que tanto te preocupaba es, después de todo, un infinito de negaciones, y esas nebulosas de estrellas no deben tener más importancia para nosotros que las nubes de chispas que salen de una fragua.
Tú me dirÃas, bajando a la vida fisiológica, que cuando el engranaje de nuestras ruedas interiores chirrÃa, todo es molestia y dolor. Es verdad.
Pero aun asÃ, en los intervalos del dolor se puede encontrar momentos de placidez y de reposo.
¡Qué error, amigo Burton, el de suprimirse!
Asà sigue perorando Thompson, hasta que dice que despertó, abrió los ojos y, en vez de ver a su antiguo camarada, vio los mástiles de los barcos, que se balanceaban en el puerto.