La ruta del aventurero
La ruta del aventurero No, yo no trataré jamás de convencerte de que el amor y la fraternidad humana nazcan con tanta facilidad como las algas en el mar, ni que la amistad pura sea una cosa corriente. Yo reconozco, de buen grado, como tú, que la mayorÃa de los hombres somos egoÃstas y bestias, ¿pero qué duda cabe de que los hay inteligentes y buenos?
Ciertamente, yo no creo en las grandes palabras; soy nihilista de todos los nihilismos, y ateo de todos los ateÃsmos; pero, aun asÃ, amigo Burton, ¡qué error más grande el de suprimirse!
Verdad que todo lo que nos rodea es fugitivo, es inasible; pero nos queda el momento, ¡el minuto! ¡Cosa admirable!
SÃ; quizá las grandes palabras se encuentran un poco vacÃas; pero en cambio las pequeñas, ¡qué llenas están!
Una conversación agradable, una mujer bella que pasa, una bocanada de aire puro de un dÃa de verano, un libro entretenido…
—¡Qué error, amigo Burton, el de suprimirse!
Tú afirmarás que nuestra vida no es nada, que un guiño de una estrella representa más que todas las existencias humanas.