La ruta del aventurero
La ruta del aventurero —¿Y desde fuera cómo la va usted abrir?
—No, desde fuera ya sé que no. ¿Usted no serÃa capaz de escalar esta verja?
—¡Escalar la verja! ¿Y si le ven a uno?
—No. No se levanta en la casa nadie hasta muy tarde.
—Bueno; avÃsenme ustedes si aparece alguien.
Sin más dejé mi fardelillo en el suelo, escalé la verja, bajé por el otro lado, corrà hacia la puerta pequeña y abrà el cerrojo. Las dos mujeres entraron en el jardÃn y yo salà al camino.
Al pasar de nuevo por delante de la puerta de la verja estaba la señora aguardando y me dijo:
—Quiero darle a usted una explicación y hablar con usted. Venga usted cuando se haga de noche a esta verja.
—SÃ, señora, vendré.
Me fui a una fonda con la imaginación un poco excitada, y de noche me presenté en la verja. Al poco rato llegó la señora. Me habló durante más de una hora con un tono inquieto, lleno de angustia, y me contó, atropelladamente, una porción de cosas.