La ruta del aventurero

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Quizá influían en su tiesura las frecuentes libaciones, pues aprovechaba todas las paradas para intoxicarse cuanto podía.

Con este combustible se reveló en él su fondo de francés, y dijo que Napoleón era un grande hombre, a quien los ingleses habían hecho perecer miserablemente. Habló también de la batalla de Orthez, en que Wellington, con el ejército aliado, había batido al mariscal Soult, y se deshizo en insultos contra el vencedor de Waterloo.

El comerciante bayonés y su familia parecían desolados al oír esto, y me miraban como pidiéndome mil perdones.

El Capitán vio que yo no me daba por aludido, se calmó, se hizo amigo mío y amenizó el viaje con algunos cuentos de cuerpo de guardia.

A la tardecita llegamos a Bayona, y, pasado el puente sobre el Adour, el sargento del puesto de la gendarmería preguntó si no había viajeros españoles. El Capitán Montmartin dijo que no, y seguimos adelante hasta la plaza de Armas.

El Capitán sintió no sé por qué un vago impulso de simpatía o de remordimiento al despedirse de mí, quizá por haber hablado mal de los ingleses, y me invitó a cenar con él al café del Comercio tan insistentemente, que tuve que aceptar.


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