La ruta del aventurero

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XIV

EN LA DILIGENCIA

CORRÍ con mi morral al sitio donde salían las diligencias y tomé un asiento para Bayona. Me encontré con el mismo Capitán de la gendarmería con quien había ido a Orthez. Nos saludamos y nos dimos nuestros nombres. Me dijo que se llamaba Montmartin, y me invitó a tomar una copa de coñac.

En la diligencia iba mucha gente que subía y bajaba en los pueblos pequeños, llevando cestas y encargos, y un comerciante bayonés, con su mujer y dos hijas.

Una de ellas, por lo que contó su madre, tenía una voz preciosa, y había obtenido un gran éxito cantando la Cavatina «Una voce poco fá», del Barbero de Sevilla, en una de las casas del gran mundo de Orthez.

La otra señorita poseía, según su madre, grandes conocimientos literarios e históricos, y sabía el inglés y el español. Había sido muy galanteada por un joven oficial de la guarnición de Orthez, llamado Alfredo de Vigny, que había escrito para ella una poesía preciosa.

A pesar de hablar yo bastante mal el francés («Celibataire, une bouteille de cercueil»), quedé un poco mejor que el Capitán de la gendarmería, pues este consideraba que ante las señoras debía tomar una actitud rígida, como si estuviera en actos de servicio.


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