La ruta del aventurero
La ruta del aventurero Murgui, la sobrina del panadero, me sirvió la comida; entablé conversación con esta muchacha, y le pregunté qué clase de hombre era Bidarráin. Me dijo que pasaba por hombre rico; que tenÃa minas de plata y de oro.
También le pregunté a Murgui acerca del teniente LeguÃa, y, por lo que contó, deduje que a este le consideraban como el enemigo del pueblo.
Por la tarde volvió a presentarse Bidarráin y me llevó a una huertecilla contigua al cementerio, donde se hallaban enterrados dos oficiales ingleses, muertos en el pueblo al pasar los aliados el Bidasoa en 1813.
Después fuimos hasta Lesaca, villa donde tuvo lord Wellington su cuartel general.
Bidarráin debió hablar al panadero de mis conocimientos mineralógicos, porque Erláiz, por la noche, me preguntó si era ingeniero. Le dije que no, y él pareció no creerme. Me preguntó también si tendrÃa algún inconveniente en ver unas minas algo lejanas. Le contesté que ninguno. Dispusimos hacer la expedición al dÃa siguiente. El panadero, contento, trajo la guitarra y estuvo cantando. Cantaba de una manera bárbara y graciosa. Cuando terminó, me fui a mi cuarto y estuve un rato en la ventana mirando las estrellas, oyendo el rumor del rÃo y el canto de un sapo (bufo músicus), que entretenÃa su soledad con sus notas.