La ruta del aventurero
La ruta del aventurero PHILONOUS
SOLĂŤA yo andar con mucha frecuencia por la Taconera, y daba casi todas las tardes un paseo por las afueras de la muralla, lo que llaman en el pueblo la Vuelta del Castillo. Un dĂa vi que un perrucho me seguĂa. Era un perro feo y poco estĂ©tico, que tenĂa cara de persona, lanas rojizas y unas barbuchas lacias de filĂłsofo cĂnico.
—Bueno, bueno —le dije—. Márchate, que aquà no haces nada.
SeguĂ mi camino, e iba pensando en la realidad que podĂan tener las cosas, cuando vi a mi lado de nuevo al perro feo.
—Este can me sigue —murmuré—. A ver si es un demonio como el perro de aguas que acompaña al doctor Fausto a su laboratorio.
ContinuĂ© mi paseo, y siguiĂł el perro feo junto a mĂ.
—Bueno; que haga lo que quiera —dije—. Si el destino ha dispuesto que este canis familiaris sea mi amigo, no me opongo.
PensĂ© que si venĂa hasta mi casa y se unĂa a mĂ, tendrĂa que darle un nombre, y decidĂ llamarle Philonous.