La ruta del aventurero
La ruta del aventurero Efectivamente: entró en mi casa, le di de comer y le adopté. Unos meses después, al llegar a Tafalla, Philonous riñó con otro perro con gran valor; el otro perro le mordió en una pata y tuvo una llaga que le duró mucho tiempo.
Entonces, como tributo a su valor y como recuerdo a un héroe griego, que padeció también una úlcera en una pierna, añadí a su nombre el de Philotectes, y así se llamó mi perro en su vida terrena, que no es poca cosa para un perro.
Philonous era profundo y sentimental. En las circunstancias difíciles se crecía. A veces era un poco cínico; estaba en su derecho, siendo perro y perro de pobre; a veces me parecía un caballero sans peur et sans reproche, como Bayardo.
Yo siempre le encontré un aire socrático.
Me parecía que el mejor día iba a salir Minerva de su cabeza.