La ruta del aventurero

La ruta del aventurero

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—Ahora vamoz a ve a mi comadre, que ez prima del comandante de voluntarioz realiztaz, a ver si hase algo por ti.

—Vamos donde usted quiera.

La comadre era mujerona morenaza y atrevida.

—¿De dónde haz zacado a ezte inglezote? —le dijo a mi patrona, al verme.

La Nieves le contó lo que me había pasado; dijo que yo era un inocente completo y que quería que ella hablase al comandante de realistas para que no hicieran una charranada conmigo.

La comadre dijo que haría lo que pudiese; pero que la Nieves debía hablar también al primo de una amiga del ama del cura que era consejero del comandante.

Por la conversación resultaba que no se hacía absolutamente nada en el pueblo más que por recomendaciones.

Esta red de influencias y de manejos maquiavélicos lo tenía todo minado.

Era imposible que hubiese así la más ligera sombra de justicia en el pueblo.

Después de la visita de la comadre de la Nieves volvimos a la cárcel.

Estuve seis días en la alcaidía. Para no quedar torpe con la inmovilidad y la buena alimentación me dedicaba a hacer gimnasia; luego hablaba con mi patrona.


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